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Según la directora del Congreso, Mercedes del Río, el objetivo principal del Congreso es contribuir al intercambio de experiencias en investigación en edificación. El evento pretendió, también, divulgar los resultados en innovación tecnológica en edificación y compartir experiencias entre profesionales, empresas y universidad. Se trató de encontrar un foro en el que la universidad pudiese entrar en contacto directo con lo que están haciendo los profesionales y las empresas y que los dos ámbitos pudiesen enriquecerse.

AGUICAMP Arquitectura e Ingeniería participó en el II Congreso Nacional de Investigación y Edificación, celebrado en Madrid los días 15-17 de diciembre de 2010, con la presentación de la ponencia análisis del material y el comportamiento mecánico de las fábricas de cantería en los arcos y las bóvedas del Monasterio de Santa María de Moreruela“, presentada por el profesor colaborador de la empresa José Luis Campano Calvo.

RESUMEN DE LA PONENCIA:

En todos los procesos de restauración arquitectónica antes de intervenir en el edificio histórico, se debe proceder a realizar la fase de documentación y diagnóstico, para posteriormente llevar a cabo la intervención con plenas garantías de éxito.

En esta comunicación,  tratamos el dar a conocer algunas herramientas y técnicas actuales empleadas, y que pueden ser utilizadas previas al conocimiento, investigación y restauración de edificios históricos catalogados.

Los métodos tradicionales, que se han venido utilizando han dado buenos resultados, pero con las nuevas técnicas podemos aportar más conocimientos del edificio a restaurar.

La falta de información era la tónica general antes de comenzar los trabajos de restauración del inmueble, hasta hace poco tiempo, siempre teniendo muy en cuenta los medios económicos a utilizar y  evitando las dificultades que se nos presentaban para intervenir en edificios antiguos, resueltas hoy mediante la investigación con métodos, que no van alterar las condiciones físicas de estabilidad y las arqueológicas del edificio en cuestión.

En el monumento del monasterio cisterciense de Santa María de Moreruela, dentro de la investigación que estamos llevando a cabo, hemos realizado las pruebas de envejecimientos artificiales acelerados por hielo/deshielo y cristalización de sales, con el fin de conocer el comportamiento de la piedras arenisca utilizada en su construcción, ante los dos agentes de deterioro más importantes, como son el hielo-deshielo y sales solubles, que han llegado a afectar de manera progresiva a los materiales pétreos del monumento.

Con el resultado de las pruebas de análisis de la pérdida de peso del material estudiado, después de someterlo a los ciclos de envejecimiento, hemos llegado a conclusiones novedosas del comportamiento mecánico de las bóvedas, sometiéndolas a estados de carga diferentes.

En Moreruela hemos utilizado los polígonos antifuniculares, para analizar los estados de carga de las bóvedas de la nave central, como las laterales y la cúpula octopartita angevina, situada en el transepto de la iglesia. Se ha observado gráficamente el leve alejamiento de la trayectoria resultante de la directriz de las cargas, lo cual explica, cómo funcionaban las bóvedas por la aplicación de los pesos de los materiales, llegando a la conclusión, de qué el derrumbe de parte de las bóvedas fue debido a la pérdida de masa de la piedra arenisca situada en el plemento.

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Las áreas urbanas crecen a una velocidad de vértigo. Más de la mitad de la población mundial vive ya en ciudades. La tendencia es incluso más acusada en España donde solo el 20% reside aún en zonas rurales. La avalancha humana hacia las urbes parece irreversible. La previsión que maneja Naciones Unidas señala que el 70% de los seres humanos habitarán en centros urbanos en 2050. Este organismo advierte de que el aumento de la población de las ciudades puede convertirse en un auténtico problema, a no ser que se logre mantener la armonía entre los aspectos espacial, social y ambiental de las localidades, así como entre sus habitantes.

En este nuevo escenario sociológico y demográfico, con claros efectos económicos, políticos y medioambientales, cobra fuerza el concepto de ciudad inteligente. Cómo afrontar el reto de manejar ciudades cada vez más grandes y complejas fue el eje central sobre el que giró un encuentro organizado por El País en colaboración con Ferrovial. A él asistieron el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna; la alcaldesa de Palma de Mallorca, Aina Calvo, y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón; el vicerrector de Innovación y Nuevas Tecnologías de la Universidad de Alcalá, José Antonio Gutiérrez de Mesa; la responsable de Tecnologías de la Información para el Crecimiento Sostenible de la Unión Europea, Mercé Griera i Fisa; el director de Servicios para Cliente Final de Telefónica I+D, David del Val, y el presidente de Ferrovial, Rafael del Pino.

La teoría dice que una ciudad inteligente es aquella que hace uso de los avances tecnológicos para mejorar la calidad de vida de sus habitantes. La práctica, sin embargo, sugiere que este concepto tiene múltiples matices e interpretaciones. “Una ciudad inteligente es una urbe única que tiene un valor identitario”, según Aina Calvo. “En los tiempos que corren es una ciudad capaz de hacer mucho con menos. Es necesario una buena gestión de los recursos para mantener la calidad de los servicios”, añadió la regidora de Palma de Mallorca.

Iñaki Azkuna advirtió del peligro de simplificar este concepto. Una ciudad inteligente, bajo su prisma, no es Silicon Valley [área de California con alta concentración de empresas tecnológicas] sino aquella donde la inteligencia “se pone al servicio del ciudadano”. El alcalde de Bilbao reflexionó también acerca del necesario equilibrio que deben tener las urbes: “Si tenemos una ciudad para turistas, con un casco histórico precioso, pero con la mayoría de sus barrios destrozados, esa ciudad no sirve para nada. Hay que buscar un equilibrio y las tecnologías de la información deben de estar al servicio de toda la ciudad”.

Alberto Ruiz-Gallardón, por su parte, reivindicó el papel central de las ciudades. En su opinión, la mayor transformación de la última década es el cambio de hegemonía de los Estados a las ciudades. “Estas son las protagonistas del crecimiento económico y de los cambios sociales. No existe ningún Estado capaz de liderar si no tiene espacios urbanos para que ese liderazgo se produzca”, argumentó. El problema que observa el regidor madrileño es que los Estados no han comprendido la profundidad del cambio y la necesidad de potenciar las urbes. “Una ciudad inteligente es aquella que aglutina todas las características asociadas a este cambio organizativo. Desde el punto de vista de las personas, es además una ciudad que se adapta a sus necesidades”, aseguró Gallardón.

En los espacios urbanos del futuro la colaboración público-privada se abre hueco para reducir costes y mejorar la eficiencia. En este nuevo binomio Ferrovial ya tiene experiencia. La compañía española firmó un contrato con el Ayuntamiento de Birmingham en virtud del cual asume la gestión y el mantenimiento de las carreteras y otras infraestructuras públicas de la ciudad británica. El acuerdo supone una inversión de 2.700 millones de libras (3.200 millones de euros) en 25 años y tiene como objetivo mejorar en un 30% la productividad y un 20% la eficiencia.

“Las ciudades las transforman los alcaldes, y las empresas servimos de catalizadores para que se produzcan esos cambios. El sector privado puede ayudar a financiar a los ayuntamientos y también puede contribuir a la gestión de la eficiencia. Las administraciones deben dar un paso adelante aclarando el marco jurídico”, reflexionó Rafael del Pino. La compañía que preside ha alcanzado un acuerdo con el Massachusetts Institute of Technology para impulsar iniciativas de ciudades inteligentes por el que invertirá cinco millones de dólares (3,7 millones de euros) durante los próximos cinco años.

Durante décadas las infraestructuras civiles han solucionado los problemas de las ciudades y ahora parece que llega el momento de que la tecnología digital dote de más eficiencia a las infraestructuras civiles. Pero, ¿cómo aplicar en la práctica los avances tecnológicos? David del Val cree que el concepto de ciudad inteligente hay que circunscribirlo al conocimiento en tiempo real de lo que ocurre en las ciudades, interpretar los datos y dar el mejor servicio a los ciudadanos. “Para saber lo que ocurre en una localidad lo que hacen falta son sensores que puedan medir determinados parámetros (estado del tráfico, concentración de personas…) y enviar esa información a centros de procesamiento de datos. En este sentido, para las empresas de telecomunicaciones en el futuro va a ser más negocio la comunicación entre máquinas que entre personas”, indicó el directivo de Telefónica.

Del Val explicó que también funcionarán como sensores de lo que ocurre en la ciudad los propios teléfonos móviles o la información que intercambian las personas a través de las redes sociales. “Con todos estos instrumentos vamos a ser capaces de tener información en tiempo real que servirá para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos”, aseguró.

En el ámbito universitario también hay proyectos para la ciudad digital del futuro. Un ejemplo es la Universidad de Alcalá. “Es necesario lograr una integración completa entre los sensores que puedan existir en una ciudad inteligente y los sistemas de toma de decisión. La aplicación de la tecnología servirá para lograr mejoras energéticas, ecológicas…”, describió Gutiérrez de Mesa, vicerrector de este centro.

En Bruselas preocupa el futuro de las ciudades y se estudia cómo los avances tecnológicos pueden ayudar a resolver problemas. Mercé Griera, que trabaja para la Comisión Europea, matizó durante el encuentro que una urbe avanzada no es aquella que tiene muchos sensores, sino aquella que utiliza la tecnología con un propósito. “Una ciudad inteligente debe reunir tres características. En primer lugar, contar con un líder, un alcalde innovador y valiente que se atreva a tomar decisiones que a veces no sean muy populares. El segundo rasgo es que esta localidad no dependa solo del poder político, sino que exista un consenso, un acuerdo de colaboración, entre el sector público y el privado. El tercer elemento para desarrollar una ciudad con este perfil es que sus ciudadanos estén entusiasmados con el proyecto y lo respalden”, señaló la responsable de Tecnologías de la Información para el Crecimiento Sostenible.

Los expertos coinciden en que uno de los retos de la ciudad del futuro será aligerar la burocracia y aumentar la transparencia en la toma de decisiones. “Debemos tener una gestión transparente, que dé garantías jurídicas en la concesión de licencias”, señaló Calvo. “Cuanta más estructura generamos peor nos va. Es cierto que muchas veces las administraciones locales asumimos competencias que no son nuestras, pero también debemos entonar el mea culpa porque muchas veces somos los propios ayuntamientos los que gestionamos de más o duplicamos servicios”, añadió. Para la alcaldesa de Palma de Mallorca otro de los aspectos clave será el civismo. “Es importante recuperar el sentido de pertenencia, hacer corresponsables a los ciudadanos y alentar el cumplimiento de las reglas del juego”, comentó Calvo.

El alcalde de Madrid recordó que una ciudad inteligente debe reunir tres características: inmediatez, eficacia y transparencia. “Debemos ser proactivos y anticiparnos a las necesidades de información. Además, tenemos que acabar con los vicios del monopolio de la información y liderar la toma de decisiones”, describió Gallardón.

Rafael del Pino insistió en que uno de los aspectos más importantes es la competitividad del territorio. “Debemos pensar en cómo hacer de España y de sus ciudades un destino atractivo donde invertir, en el que la gente con ideas desee instalarse aquí. Para lograr este objetivo es importante tener una administración eficaz. El territorio debe ser competitivo porque es eficaz y porque es barato”, explicó. -

Fuente: El País

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